viernes, 17 de febrero de 2017

Nuestra nueva compañera

Hoy escribo para contaros que desde principios de enero en TransCreat somos uno más. Sara Castro se ha unido al equipo para realizar, en un principio, sus prácticas de la universidad con nosotros.

Sara tiene 21 años, es asturiana y está en el último curso del grado de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Madrid, donde yo también estudié, y es un placer para nosotros que haya elegido hacer estas prácticas en TransCreat. Estamos muy contentos de tenerla en el equipo.

Para que la conozcáis un poquito más, Sara nos ha contado que para ella lo más bonito de este mundo es ser el puente que une culturas separadas por las barreras lingüísticas y eso es lo que le sirvió de motivación para decantarse por la traducción.

A Sara le llama muchísimo la atención la traducción audiovisual, puesto que se trabaja con productos que consumimos habitualmente. Por eso, cuando termine el grado, pretende especializarse en este ámbito tan creativo.

Además, la música está muy presente en su vida. Desde bien pequeñita, ha estado en el conservatorio y, a día de hoy,  no puede salir de casa sin unos auriculares. También le apasiona viajar a cualquier país, ciudad o pueblo desconocido, pero reconoce que le encanta volver a casa con los suyos.

Sara es una gran incorporación y nos encanta que quiera seguir aprendiendo sobre la traducción audiovisual, ya que, como ya sabéis, es una de nuestras especialidades y esa pasión me recuerda a mí a su edad. J


¡Bienvenida, Sara!


lunes, 2 de enero de 2017

Los propósitos de TransCreat para el 2017

¡Feliz año nuevo a todos!

Esperamos que hayáis comido muchos turrones, brindado con buenos vinos o cavas y que no os hayáis atragantado con las uvas.

Nosotros poco a poco volvemos a la rutina, aunque aún nos queda la fiesta más esperada de la Navidad: los Reyes Magos (yo sigo siendo muy tradicional) y hasta que no abramos los regalos, seguiremos de celebración.

No obstante, hoy me he sentado frente al ordenador y me he puesto a pensar en el 2016 y en lo que ha significado para TransCreat y en el recién estrenado 2017 y lo que se traerá entre manos.

El 2016 ha sido un buen año para nuestro equipo con una nueva incorporación, Enrique, un cambio de oficina a un despacho privado en la Plaza de Santo Domingo, al lado de Callao, nuevos clientes y la consolidación de los antiguos. Hemos sudado la gota gorda, pero hemos cerrado el año contentos y satisfechos.

Ahora comienza el 2017 y, con él, el primer cambio: nos mudamos de nuevo dentro del mismo centro de negocios a un despacho más grande porque tenemos una nueva incorporación al equipo a la que os presentaremos cuando esté aquí en la oficina con nosotros. Es decir, nuestra principal novedad es que crecemos y como crecemos tenemos que fijar una serie de objetivos y propósitos para este nuevo año para que todo siga yendo viento en popa:
  1. Amar nuestro trabajo: no hemos dejado de cumplirlo, pero conviene recordarlo. Para ser feliz laboralmente, tienes que disfrutar cada día de lo que haces y amarlo. Nosotros seguimos divirtiéndonos al traducir y al enseñar la lengua española. Cuando te gusta lo que haces, lo reflejas en tu trabajo. Creemos que es una de las claves para que tu trabajo tenga la calidad que esperan tus clientes.
  2. Respetar a nuestros clientes y hacernos respetar: nuestra trayectoria nos enseña que es mejor decir que no a tiempo a prometer el oro y el moro a tus clientes y luego ofrecerles migajas. Es importante saber lo que vale tu trabajo y transmitirles ese valor a tus clientes. Si tú te valoras, ellos también te valorarán. No es tan fácil encontrar a buenos profesionales. Por ello, no os creáis que todo el mundo es prescindible y que la gente se vende al mejor postor. Al final, los buenos clientes priorizan la calidad y el buen trato y, si se lo ofreces, los fidelizarás.
  3. Cuidarnos entre nosotros: los traductores debemos apoyarnos entre nosotros. En nuestro caso, esto comienza dentro de nuestro propio equipo. Nos encanta sentir que somos una pequeña familia. El mundo traductoril es a menudo un mundo muy solitario. Por ello, es imprescindible entablar relación con otros traductores. Juntos somos siempre más fuertes.
  4. No parar de aprender: en mi caso, estoy «a tope» (como diría mi compañero Enrique) con el neerlandés. Creo que es un idioma muy agradecido si sabes alemán y muy poco explorado. Es importante que sigamos aprendiendo y no necesariamente me refiero a incorporar nuevos idiomas, a veces bastaría con que estuviésemos todos al día con los cambios que se producen en nuestro propio idioma. Un traductor tiene que estar, ante todo, bien informado.
  5. Priorizar los proyectos que nos hacen felices, aunque no sean tan lucrativos: al principio, aceptas muchas cosas que no te gustan por miedo a no recibir otras. Ha llegado un momento en que si valoras la rentabilidad de esos proyectos, a menudo te das cuenta de que los quebraderos de cabeza no se pagan con dinero y acaban incluso saliendo caros. Para cumplir el propósito número 1, este otro es fundamental.
  6. Colaborar con más traductores: porque hay traductores buenísimos por el mundo y nos encanta encontrarnos con ellos y que juntos podamos abarcar proyectos interesantes.
  7. Seguir fidelizando a nuestros clientes, establecer nuevos contactos y optimizar nuestros procesos como empresa: para que TransCreat poco a poco se convierta en la gran empresa con la que los tres soñamos.


Estos son los siete propósitos que intentaremos cumplir este año, ¡deseadnos suerte! ¿Cuáles son los vuestros?

lunes, 14 de noviembre de 2016

No huyas del progreso


Aún me sorprendo mucho cuando voy a reuniones de traductores y algunos cuentan que se niegan a usar herramientas de traducción asistida. Muchos argumentan que es un gasto innecesario, que antes se traducía incluso a mano y nadie se quejaba y que, por culpa de las herramientas de traducción asistida, cada vez estemos peor pagados. Estos argumentos para mí son iguales que decir que viviríamos mejor sin electricidad para ahorrar gastos y para que hubiera más mano de obra humana. 

No podemos luchar contra el progreso, pero sí podemos sacarle provecho y reconocer que estas herramientas nos ayudan a ser más eficientes y a mejorar la calidad de nuestras traducciones por medio de la coherencia terminológica.

Por supuesto, los clientes ven una oportunidad en estas herramientas para beneficiarse ellos también y solicitarnos descuentos por coincidencias parciales o coincidencias totales. Esto cabrea a muchos traductores porque son ellos los que han invertido su dinero en una herramienta para optimizar el trabajo, no el cliente. El hecho es que hoy en día trabajar sin herramientas es impensable y, por tanto, se han convertido en algo exigible por parte del cliente. Las herramientas de traducción asistida son nuestro antiguo «Word» y nuestros clientes comienzan a conocer sus ventajas y se niegan a pagar el mismo precio que pagaban si ahora invertimos en la misma traducción la mitad de nuestro tiempo. Lo nuestro es un negocio, pero hay que entender que lo suyo también.

Por tanto, en vez de negarnos a progresar y perder una ventaja competitiva, os invito a que exprimáis todas sus posibilidades. Si domináis las herramientas de traducción asistida, pronto seréis más rápidos y eficaces. Calculad los descuentos que queréis aplicar conforme al tiempo de trabajo que os estéis ahorrando y al final veréis que la diferencia con lo que ganabais antes de usarlas es inexistente y que, además, tenéis más posibilidades de captar clientes. Eso sí, no aceptéis cualquier tipo de descuento: sed proporcionales al tiempo que tardáis en una traducción y tened en cuenta que los clics también llevan tiempo. 

Yo recomiendo los siguientes tramos: 

Nuevas y del 50 al 74 % de coincidencia: 100 % de la tarifa.
Del 75-99 % de coincidencia: 60 % de la tarifa.
100 % y repeticiones: 30 % de la tarifa.



Por supuesto esto solo es una recomendación, pero aquí os la dejo por si os fuera útil.


jueves, 25 de agosto de 2016

¿Qué hacer cuando un cliente no paga?

Espero que no hayas tenido la mala suerte de que un cliente no te haya pagado, pero, lamentablemente, está a la orden del día y conviene saber qué hacer cuando esto ocurre.

En primer lugar: ¡que no cunda el pánico! La mayoría de los clientes pagarán, aunque se retrasen o incumplan los plazos pactados, ya que, si existe un encargo por escrito que has confirmado, entregado y facturado, tú tienes las de ganar y lo más normal es que la gente sea decente y legal, y pague (ya hablaremos otro día de plazos).

No obstante, puede ocurrirte que un cliente particular (estos son más difíciles de «cazar») o incluso una empresa con dudosa reputación o que no se tome en serio tu dedicación quiera hacerte la trece-catorce y es ahí cuando tienes que respirar hondo y tomar medidas.

Lo primero que debes saber es que el plazo legal conforme a la ley de morosidad para el pago a proveedores en el sector privado es de 60 días, así que al menos debes conceder 60 días a tu cliente. Soy consciente de que se firman acuerdos con empresas de incluso 90 días que, en teoría, incumplen la ley, pero si decides aceptar el plazo de 90 días u otro plazo superior, eso ya es otro tema y, en tal caso, estos consejos serían para cuando superes dicho plazo acordado.

Cuando hayas superado el plazo legal o el acordado si es superior, entonces yo te aconsejo que antes de tomar medidas legales, escribas cordialmente a tu cliente, ya que puede que se le haya olvidado o haya tenido un problema y es recomendable mantener las formas y dar un voto de confianza a la persona que trabaja contigo.

Si le avisas y reiteras el aviso un par de veces, pero sigue sin reaccionar, lo primero que debes hacer si tanto tú como el cliente os encontráis en España es enviarle un burofax, es decir, un requerimiento formal de pago en el que dejes constancia de la deuda, el motivo y le des un plazo para saldarla. Tienes que solicitar el envío del burofax con confirmación para que realmente te sirva como instrumento legal. Normalmente, puesto que se trata de un requerimiento formal que puedes usar en un juicio posterior, el cliente pagará. Asimismo, puedes indicarle que si no paga, estás en tu derecho de aplicar intereses sobre el importe pagadero por demora (revisa la ley de morosidad para que sepas los intereses que puedes aplicar).

Si siguiera sin pagar, podrías comenzar un procedimiento monitorio, que es gratuito si el importe que reclamas es inferior a 2000 euros. Para ello, tienes que acercarte al juzgado de primera instancia, solicitar un formulario, rellenar los datos relacionados con el impago, sacar tres copias del mismo y presentar las pruebas que tengas, entre ellas, el burofax, la factura, el intercambio de correos, etc. Cuando el juez admita la solicitud, dará un plazo de unos veinte días al moroso para pagar la deuda, si lo incumple, puede que decrete el embargo de sus cuentas para satisfacer el pago.

En el caso de que tu deudor no viva en España, también puedes iniciar un procedimiento monitorio (procedimiento monitorio europeo) en el juzgado de primera instancia, que también será gratuito hasta los 2000 euros. Sin embargo, el burofax  no es efectivo internacionalmente, así que tendrás que saltarte este paso y pasar directamente al procedimiento monitorio.

Parece todo muy complicado, pero existe un servicio de justicia gratuita en el juzgado si no superas esos 2000 euros donde pueden asesorarte y, con toda sinceridad, te digo que incluso aunque no consigas que te paguen, al menos sabrás que no te has quedado de brazos cruzados y el cliente se llevará un tirón de orejas.

Esto es muy general, pero espero que te valga para entender los pasos a seguir. Si la deuda es superior a 2000 euros, el procedimiento no es gratuito, pero puede realizarse igualmente si no supera los 30 000 euros. En el caso de que la deuda supere los 30 000 (madre mía), necesitarás a un abogado.


¡Ánimo y que no te toque convertirte en el cobrador del frac!

miércoles, 13 de julio de 2016

Otra vez este texto horrible…

Ya he hablado varias veces del tema de la especialización y de que siempre recomiendo a los estudiantes que se especialicen en una determinada área porque el que mucho abarca poco aprieta y ayer precisamente estuvimos hablando de este tema en TransCreat, sobre si realmente es factible que un traductor solo se dedique a un campo específico o si al final estamos condenados a saber un poco de muchas cosas pero realmente no mucho de nada.

Es un tema peliagudo porque, a menudo, aunque queremos dirigir nuestro futuro hacia un determinado objetivo, el mundo que nos rodea se empeña en ponernos obstáculos o pruebas por el camino. Es decir, con frecuencia, si quieres vivir bien de la traducción, no puedes descartar temas más generales u otras especialidades que no te gusten tanto. El problema derivado es que a veces te ves aceptando textos que personalmente no te dicen nada o que no te disgustan, pero tampoco son lo que soñabas cuando pensabas en lo que querías hacer cuando fueras traductor y cuando llegan los que de verdad te gustan o los temas con los que realmente te sientes cómodo, no tienes capacidad para aceptarlos.


No sabría decir cuál es la mejor opción: si solo aceptar lo que quieres hacer o si conformarte para al menos alcanzar un buen sueldo a final de mes. Cualquiera de las dos opciones tienen sus pros y contras. No obstante, lo ideal sería llegar a un punto medio. Creo realmente que traducimos mejor si lo que traducimos nos gusta, si nos hace felices y, si traducimos mejor, generamos más confianza entre nuestros clientes. Por tanto, sí, invito a que tratemos de marcarnos un objetivo en un ámbito específico y luchemos por lograrlo, aunque eso no implique que descartemos aprender otras cosas por el camino por si las moscas o por si encontramos algo que sorprendentemente nos guste más o se nos dé mejor.


¿Cómo podemos lograr esto? Me imagino que lo primero es asentarnos, crecer como traductores y tener una fuente de ingresos constante y, para ello, hay que tener paciencia. Cuando hayamos conseguido esto, podremos priorizar entre lo que nos gusta más y lo que no nos gusta tanto, pero durante ese camino, no hay que dejar de intentarlo, hay que buscar clientes del área que queremos, hay que fortalecer nuestra red de contactos tanto dentro de esa área como en otras y seguirnos formando en aquello que nos guste para que cuando llegue, podamos realmente vivir de ello sin necesidad de tener que recurrir a otras fuentes de ingresos o simplemente delegando lo que no nos hace felices. Al fin y al cabo, sobre gustos, no hay nada escrito y siempre habrá alguien al que le entusiasme el tipo de texto que a ti no te hace ni fu ni fa. Para eso, está la red de contactos porque, al fin y al cabo, unidos los traductores somos más felices y más fuertes.


martes, 14 de junio de 2016

Fun4All – 4ª edición

La semana pasada, el 9 y 10 de junio, Clara y yo asistimos al Fun for All: IV Conferencia internacional sobre traducción de videojuegos y accesibilidad que tuvo lugar en la Residencia de investigadores de la calle Hospital en Barcelona.

Como en las anteriores entregas, fue todo un éxito y participó gente de todas partes que de algún modo formaban parte del sector de los videojuegos aunque la mayoría fuéramos traductores.

Una de las principales conclusiones que extraje es que la localización de videojuegos es un área multidisciplinar y, por tanto, abre cientos de vías de investigación, pero también de trabajo. Se trata de una especialidad muy creativa, pero también compleja en la que se requiere que seamos informáticos, escritores, humoristas, investigadores, científicos, artistas y en muchos casos malabaristas. Me parece una profesión alucinante y me encanta encontrarme con caras nuevas en el mundillo y con estudiantes llenos de ilusión.

Me parece importante destacar el uso de los videojuegos en otras áreas como la didáctica y me resultó muy interesante la idea de «gamificar» o «jugabilizar» incluso el trabajo en la oficina. Poco a poco, los videojuegos están pasando de ser un pasatiempo aislado a convertirse en una realidad constante en muchas facetas de nuestras vidas. Por ello, creo que es un mundo con muchas posibilidades que nosotros los traductores o los que preferimos ser transcreadores deberíamos explorar, ya sea por medio de nuevas investigaciones o a través de innovaciones o mejoras en nuestra forma de trabajar.

Además de todo lo aprendido, conocí a gente muy interesante y volví a ver a viejos conocidos, así que fue todo un placer, además de que esta vez fui bien acompañada de mi compi Clara y disfrutamos mucho de la cena y de la compañía.



Quiero aprovechar esta publicación para darle las gracias a Carme: como siempre, lo organizaste todo de maravilla. Ahora ya solo nos quedan dos añitos de espera para el siguiente Fun for All.


martes, 10 de mayo de 2016

TransCreat visita la UAM

La semana pasada visité las aulas en las que yo misma había tomado mil apuntes para hablar a los alumnos de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Madrid de las opciones que tienen cuando acaben la carrera, la importancia de especializarse y cómo convertirse en traductor autónomo.

La verdad es que creo que este tipo de charlas resultan muy constructivas para los estudiantes,  ya que a menudo en la universidad nos perdemos en la teoría y obviamos la práctica de las profesiones. Me siento muy agradecida y contenta de que Esther Vázquez y del Árbol, que fue también mi profesora y que sigue al pie del cañón, me invitara a hablar de mi experiencia.

En mi opinión, sería, en realidad, muy interesante para los estudiantes tener una asignatura o unas jornadas en las que aprendieran los aspectos más prácticos de la profesión: cómo calcular sus tarifas, cómo buscar clientes, cómo organizarse, cómo hacer una factura y llevar un control de los ingresos y gastos, y los recursos que tienen a su disposición. Sé que generalmente (al menos así fue cuando yo estudié) tienen una asignatura sobre documentación, pero la documentación no deja de ser tan solo una parte de nuestro trabajo.

Por otro lado, me sorprendió gratamente el uso de ordenadores en las aulas y que se les permita usar Internet en los exámenes, ya que, de esta forma, se simula un encargo real. No tenía ningún sentido que los estudiantes cargaran con 10 diccionarios en una maleta y no contaran con el recurso más usual: Internet.

No obstante, hubo algo que me disgustó. En mi época, aprendimos a usar Trados y daba por hecho que con el gran desarrollo de la tecnología, las nuevas generaciones serían unos cracks a la hora de usar el programa. Sin embargo, me contaron que ya no se lo enseñaban en el aula por motivos de licencias/decisiones de profesores. Me parece inadmisible, incluso aunque les muestren otras herramientas, ya que Trados es una herramienta imprescindible para nuestro trabajo. Es como aprender a ser albañil y no saber lo que es un ladrillo.

Creo que aún quedan bastantes pasos por dar para que las carreras sean un reflejo de las profesiones a las que abren paso y me alegro de que haya profesores como Esther que se involucren tanto para que esto sea en algún momento posible.