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lunes, 2 de enero de 2017

Los propósitos de TransCreat para el 2017

¡Feliz año nuevo a todos!

Esperamos que hayáis comido muchos turrones, brindado con buenos vinos o cavas y que no os hayáis atragantado con las uvas.

Nosotros poco a poco volvemos a la rutina, aunque aún nos queda la fiesta más esperada de la Navidad: los Reyes Magos (yo sigo siendo muy tradicional) y hasta que no abramos los regalos, seguiremos de celebración.

No obstante, hoy me he sentado frente al ordenador y me he puesto a pensar en el 2016 y en lo que ha significado para TransCreat y en el recién estrenado 2017 y lo que se traerá entre manos.

El 2016 ha sido un buen año para nuestro equipo con una nueva incorporación, Enrique, un cambio de oficina a un despacho privado en la Plaza de Santo Domingo, al lado de Callao, nuevos clientes y la consolidación de los antiguos. Hemos sudado la gota gorda, pero hemos cerrado el año contentos y satisfechos.

Ahora comienza el 2017 y, con él, el primer cambio: nos mudamos de nuevo dentro del mismo centro de negocios a un despacho más grande porque tenemos una nueva incorporación al equipo a la que os presentaremos cuando esté aquí en la oficina con nosotros. Es decir, nuestra principal novedad es que crecemos y como crecemos tenemos que fijar una serie de objetivos y propósitos para este nuevo año para que todo siga yendo viento en popa:
  1. Amar nuestro trabajo: no hemos dejado de cumplirlo, pero conviene recordarlo. Para ser feliz laboralmente, tienes que disfrutar cada día de lo que haces y amarlo. Nosotros seguimos divirtiéndonos al traducir y al enseñar la lengua española. Cuando te gusta lo que haces, lo reflejas en tu trabajo. Creemos que es una de las claves para que tu trabajo tenga la calidad que esperan tus clientes.
  2. Respetar a nuestros clientes y hacernos respetar: nuestra trayectoria nos enseña que es mejor decir que no a tiempo a prometer el oro y el moro a tus clientes y luego ofrecerles migajas. Es importante saber lo que vale tu trabajo y transmitirles ese valor a tus clientes. Si tú te valoras, ellos también te valorarán. No es tan fácil encontrar a buenos profesionales. Por ello, no os creáis que todo el mundo es prescindible y que la gente se vende al mejor postor. Al final, los buenos clientes priorizan la calidad y el buen trato y, si se lo ofreces, los fidelizarás.
  3. Cuidarnos entre nosotros: los traductores debemos apoyarnos entre nosotros. En nuestro caso, esto comienza dentro de nuestro propio equipo. Nos encanta sentir que somos una pequeña familia. El mundo traductoril es a menudo un mundo muy solitario. Por ello, es imprescindible entablar relación con otros traductores. Juntos somos siempre más fuertes.
  4. No parar de aprender: en mi caso, estoy «a tope» (como diría mi compañero Enrique) con el neerlandés. Creo que es un idioma muy agradecido si sabes alemán y muy poco explorado. Es importante que sigamos aprendiendo y no necesariamente me refiero a incorporar nuevos idiomas, a veces bastaría con que estuviésemos todos al día con los cambios que se producen en nuestro propio idioma. Un traductor tiene que estar, ante todo, bien informado.
  5. Priorizar los proyectos que nos hacen felices, aunque no sean tan lucrativos: al principio, aceptas muchas cosas que no te gustan por miedo a no recibir otras. Ha llegado un momento en que si valoras la rentabilidad de esos proyectos, a menudo te das cuenta de que los quebraderos de cabeza no se pagan con dinero y acaban incluso saliendo caros. Para cumplir el propósito número 1, este otro es fundamental.
  6. Colaborar con más traductores: porque hay traductores buenísimos por el mundo y nos encanta encontrarnos con ellos y que juntos podamos abarcar proyectos interesantes.
  7. Seguir fidelizando a nuestros clientes, establecer nuevos contactos y optimizar nuestros procesos como empresa: para que TransCreat poco a poco se convierta en la gran empresa con la que los tres soñamos.


Estos son los siete propósitos que intentaremos cumplir este año, ¡deseadnos suerte! ¿Cuáles son los vuestros?

martes, 2 de septiembre de 2014

El enrevesado y frustrante mundo de las actualizaciones

Como ya sabéis, TransCreat lleva ya dos meses en marcha y la verdad es que no nos podemos quejar aunque, como ocurre siempre con cualquier proyecto que comienza, ahora metemos horas como locas aunque en agosto también tuvimos tiempo para darnos algún baño que otro en la piscina entre traducciones y revisiones ;)

Durante estos dos meses, una de las tareas más frecuentes que hemos recibido ha sido la traducción de actualizaciones de manuales de instrumental médico, medicamentos, etc. Como son actualizaciones, existen traducciones anteriores del manual que se supone que debes seguir, memorias de traducción y glosarios oficiales de los clientes. En principio, esto suena muy sencillo, ya que si la memoria de traducción está completa y bien revisada, debería ser un trabajo de “coser y cantar”. Sin embargo, la realidad no puede estar más alejada. Normalmente, ha “metido mano” tanta gente que la memoria tiene múltiples versiones para una misma frase y, además, estas versiones no coinciden con el glosario y, en muchos casos, tampoco con tu sentido común. Esto te genera muchas dudas que, a menudo, ni siquiera tu cliente o la agencia para la que trabajes te sabrá responder. ¿Te fijas en la memoria, haces caso al glosario, lo traduces como dicta tu razonamiento?

Por nuestra experiencia de estos dos últimos meses, generalmente, te pedirán que te bases en las traducciones ya existentes y que seas lo más fiel posible a ellas. El problema se plantea cuando ves que esas traducciones están llenas de incoherencias y contienen muchos errores de traducción. ¿Entonces qué puedes hacer? Por desgracia, poco porque por mucho que tú quieras proporcionar una buena traducción y corregir los fallos que encontraste en las versiones anteriores, es probable que nadie quiera asumir los errores que se cometieron en primer lugar (en especial, en el caso de que trabajes con intermediarios) y te pidan que, aunque no te guste, mantengas las traducciones originales y sigas su línea en la actualización.
Hace poco me devolvieron la actualización de un manual en la que me corregían los títulos y me decían que mantuviera los de la primera versión, pero es que el traductor de la primera versión había echado a volar su imaginación y muchos títulos no se correspondían con el original o usaban una terminología distinta a la que se usaba en el apartado que encabezaban. Cualquier justificación fue en vano y al final, como el cliente lo quería así, me tocó mantener los títulos originales “por una cuestión de homogeneidad con el anterior manual”. Entiendo el argumento, pero considero que más vale corregir los errores tarde que nunca. No obstante, es un círculo vicioso en el que nadie quiere asumir la responsabilidad.

No es de extrañar que la gente se queje de las traducciones de los manuales. Lo malo es que esto daña a la figura del traductor, ya que se pone en entredicho su trabajo cuando en realidad puede que simplemente esté siguiendo órdenes como cualquier trabajador.


Con esto, tan solo quiero que adquiramos un poco de conciencia de que, a veces, la calidad de un traductor viene determinada por muchos factores externos ajenos a él. Ahora me diréis que siempre se puede decir que no, pero esa no es siempre la realidad.