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miércoles, 25 de junio de 2014

Cotejo y sello

Esta vez quería escribir sobre el famoso “cotejo y sello” de las agencias de traducción. Como sabéis, es muy típico que, para ahorrar costes, las traducciones juradas las realicen traductores no jurados y que después las sellen traductores jurados. En principio, la idea no es mala, ya que la traducción, en teoría, pasa por cuatro ojos: un traductor especializado en la materia y un traductor jurado. El problema está en que hay traductores jurados que aceptan “cotejar y sellar” y acaban solo sellando. En este caso, la traducción jurada la hace un traductor que puede saber mucho sobre la materia, pero que no conoce las convenciones que se aplican en traducción jurada, es decir, no sabe que hay que traducir y describir los sellos, que hay que incluir ciertas notas cuando las equivalencias no son exactas y que hay que describir el documento. No obstante, si el procedimiento se realizara bien, esto no debería suponer un problema, ya que luego entraría en juego el traductor jurado que se ha comprometido a cotejar y sellar la traducción. Pero, ¿qué significa esto?

En mi opinión como traductora jurada, aunque “cotejar” signifique únicamente comprobar si la traducción se corresponde con el original, el traductor jurado está asumiendo la responsabilidad de esa traducción al incluir su nombre y su sello, por consiguiente, cualquier queja o problema derivados de la traducción sellada por él van a terminar afectándole a él, aunque sea una agencia la intermediaria. Por tanto, cuando un traductor jurado se compromete a cotejar y sellar, debe ser consciente de que está asumiendo la misma responsabilidad que asumiría si él mismo hubiese hecho esa traducción, ya que el traductor que realizó la traducción permanece invisible, pero es el nombre del jurado el que aparece en el documento.  En definitiva, el traductor jurado al comprometerse a realizar estas acciones se está comprometiendo a mucho más que sellar, se está comprometiendo a convertir una traducción simple en jurada y a responsabilizarse del resultado.

Hay traductores jurados muy responsables, pero también he coincidido con otros cuantos que se limitan a sellar ciegamente cualquier documento que les ponen por delante. Lo que pretendo con esta entrada no es que se deje de llevar a cabo este procedimiento, sino que se haga con conocimiento y consciencia. Dentro de la traducción, creo que el traductor jurado sigue siendo una de las figuras más respetada en cuanto a tarifas, pero dejará de serlo si se regalan los sellos.